miércoles, 18 de noviembre de 2015

NAHUEL PENNISI




Acuna la guitarra criolla en su regazo, como hiciera desde muy niño...cuando apenas podía abarcarla...cuando por fin logró el modo de abrazar a aquella diosa de madera, yacente en su cama ... mientras él, arrodillado, palpaba y descubría el mágico umbral de los sonidos. Pareciera que aquella infantil imagen en aparente adoración, fuera el más bello presagio de una vida consagrada al despertar de una intima comunión entre su voz y la guitarra.
Porque, es desde aquella reflexiva intimidad, solitaria habitante de aquellos apacibles y recónditos rincones de la niñez, de donde proviene la más contundente autenticidad de su mensaje poético y musical.
“Yo canto mi raíz, los sueños, el amor, y todo lo que hemos pasado como pueblo”.




Cantor de la calle con tan sólo 16 años, aprendió en su recoleto bullicio todo cuanto es preciso saber del mundo y de sus gentes, para entender que cantar es sobre todas las cosas, poner el alma en la voz. Y así, tempranamente, desde la bohemia, le sobrevino la madurez de los viejos sabios y de los poetas, y se “fue haciendo músico todo el tiempo...”
Por eso, nada nos puede extrañar que fuera entonces cuando grabara su primer disco de diez canciones, que lo llevaría a ser popularmente conocido y reconocido. Nada nos puede extrañar, porque de hecho, ya a los catorce años hizo una primera incursión, grabando una demo con cuatro temas, que lo invistió de prematura experiencia.


No puede sorprendernos que ya a los dieciocho años participara brillantemente en el Festival de Cosquín 2009, en el rubro de Canción Inédita, con el tema de Juan Cruz Varela, “Sin la voz del Chango Nieto”. A partir de entonces comienza una larga andadura en la que comparte escenario con grandes figuras como Lorena Astudillo, Ligia Piro, Teresa Parodi, y sobre todo con el célebre guitarrista Luis Salinas, quien le introducirá en el mundo mediático y televisivo, llevándolo a participar en eventos tan importantes como el Encuentro Expresiones 2009, en Veracruz; Mejico, o el Bicentenario de la Revolución de Mayo 2010.

Es en esta época cuando emprende una serie de conciertos por toda la geografía argentina junto a grandes músicos, como el bajista Rodrigo Molina y el percusionista León Cuyé, y es cuando empieza a incorporar temas de su propia autoría, de los que algo después, en el 2012, se materializarán en un prodigioso disco: “El Sueño de una Canción”, donde colaboran músicos muy reconocidos como, Luis Salinas, el Chango Spasiuk, Teresa Parodi, Leon Greco, Ruben Insaurralde, siendo la producción artística del músico Popi Spatocco, arreglista de Mercedes Sosa.

De la mano del prestigioso cantautor argentino León Gieco participa en la apertura de dos presentaciones en el célebre Luna Park, que lo catapultará al más ferviente e incondicional reconocimiento del público, alzándolo a participar en el Festival de Jesús María, y nuevamente en el Festival de Cosquín 2014.

Tras una larga y provechosa gira por Estados Unidos y gran parte de Latinoamerica, sale a la luz un nuevo proyecto discográfico bajo el título de “Primavera”, de muy reciente factura, que podremos disfrutar en vivo en los tres conciertos programados en las islas para el mes de noviembre, en compañía de otras muy relevantes figuras de nuestra música como En-cantadoras, Atlantes, Domingo “El Colorao”, Pancho Corujo, y Juan Manuel Padrón.




Félix Román Morales para Artistasenred.

viernes, 28 de agosto de 2015

Tigaray; "Un amor en cada puerto"


Con este sugerente y alegórico título, presenta el grupo musical Tigaray una nueva obra discográfica, cuya principal motivación, como bien enuncian en su contraportada, no es otra que la de “tocarnos el corazón”.
Para tan noble motivo, Tigaray nos introduce en una bella singladura musical y poética, cuya intención va más allá de lo puramente geográfico y transcultural, para embarcarnos en un periplo emocional en torno al sentimiento del amor, en todas sus manifestaciones posibles y probables, abordados siempre desde la vocación ultramarina y viajera del isleño.


“Un amor en cada puerto”, viene a completar una esplendorosa trilogía iniciada con el espectáculo de “Por los senderos de vuelta...” y proseguida con la anterior entrega discografica, “Donde dijo Viera...”; que corresponde a una segunda y brillante etapa de esta formación musical, con treinta años de una historia cargada de dignidad, solidez y coherencia.

Y es que Tigaray, por encima de cualquier otro aspecto, es una muestra ejemplar de la perseverancia en el esfuerzo por incorporar y perpetuar en nuestro acerbo cultural, nuevos elementos argumentales y sonoros con los que ampliar y enriquecer el ya, de por sí, extenso y diverso panorama temático de nuestra música tradicional y popular.
Ese incansable propósito a lo largo de su historia, es y ha sido, el hilo conductor y el catalizador que ha dado continuidad y cohesión a las distintas etapas de esta formación musical, independientemente del inalterable mantenimiento de su estructura coral e instrumental. Porque: “El Tigaray de hoy, es el Tigaray de 103 vidas... en 30 años”.

Todo nos lleva a pensar que, con esta impetuosa voluntad y con este precursor espíritu del ayer, Tigaray siempre tendrá un esperanzador mañana. Y ese pensamiento y anhelo se reafirman cuando nos conmueve, una vez más, la extraordinaria y desbordante capacidad compositora de su director musical, Samuel Fumero. Porque, obras de nueva factura como “Agarfa”, “María Fugaz”, “Folías Viajeras”, “Isa del Regreso”, o “Todo ayer en un instante”, además de ser bellos ejemplos continuadores del tradicional empeño de Tigaray en proponer temas de producción propia, incorporan a esta formación musical, una impronta cargada de extrema creatividad melódica y de una rebosante exhibición de recursos armónicos, en el ámbito coral e instrumental. Tal prodigio y genialidad musical, resulta ser el marco sonoro perfecto para la sensible e íntima poética de Roberto Gil, y en mucho menor medida, para los torpes bienintencionados versos de este aprendiz de las letras, que hoy les escribe esta crónica.

Pero, amén de esta extraordinaria creatividad, en Samuel Fumero anidan otras virtudes que se manifiestan en su buen oficio como director y como arreglista. Pues resulta sorprendente la acertada capacidad de selección de las voces solistas en el reparto de tan heterogéneo repertorio musical, así como en las intervenciones puntuales y en las tonalidades de las distintas cuerdas corales. Tan potente es su impronta musical, que llega a hacer “suyos” aquellos otros temas del disco cuya autoría no le es propia, como “Si ella me faltara alguna vez”, “Dormir contigo”, “Volví a nacer”, “Palomita blanca”, “Zamba para olvidar”, “Bolero”, o “Como el sol y el trigo”. Todo suena a Samuel... y al escucharse, todo suena a Tigaray.
Félix Román Morales

para Artistasenred

martes, 28 de julio de 2015

XXI FESTIVAL DE BAJAMAR



Desde siempre, los meses estivales cobran en La Laguna un viso muy especial. Es un tiempo donde la luz y el color se sobreponen a la languidez de la humedad y el frío, para prodigar una hospitalaria alegría que recorre sus calles y plazas, invitándonos a un ritual reencuentro en paseos y tertulias.
Compartir ese natural alborozo estacional se convierte en una necesidad vital que condiciona todos los aconteceres de las gentes isleñas.
La fiesta popular entrona su hegemonía en el calendario y marca la pauta en el devenir de esos cálidos días.
Y es justo en la mitad de ese calendario, cuando la fiesta lagunera se torna marinera, envolviendo sus aires y algarabías en el salitre de los rompientes de Bajamar. Porque, un año más, y tras los veinte pasados, este pintoresco paraje costero rinde nuevamente tributo a la tradición y a nuestro folclore, celebrando el XXI FESTIVAL FOLCLORICO DE BAJAMAR.
Para esta nueva edición, que como siempre tendrá lugar en el penúltimo viernes del mes de agosto, podremos contar con un cartel excepcional: Jóvenes Cantadores, Güicho Estévez y cómo no, organizándolo todo, el Grupo Folclórico Isogue.



JOVENES CANTADORES
Aquella prometedora proyección y evidente potencial, vislumbrados ya en su comienzos, se han afianzado tras el paso de los años, revelando un vigoroso y vertiginoso proceso de madurez y acrecentamiento, que ha otorgado a Jóvenes Cantadores el poder atribuirse, sin pretenderlo, el crédito de erigirse como una de las formaciones musicales con mayor trascendencia e influjo en el ámbito de la música popular.
Ya nadie duda que tras aquella deslumbrante aparición en sus inicios, interpretada por algunos como un fenómeno musical ciertamente circunscrito a su novedosa imagen y a su potente repercusión mediática, se escondía y aguardaba una extraordinaria capacidad creativa e interpretativa, así como un incansable ímpetu por ofrecer al público una propuesta musical sólida y singular.
Jóvenes Cantadores, con su inquebrantable esfuerzo y perseverancia, ha sabido ganarse a pulso la incondicionalidad de un público que les viene siguiendo en sus más de trescientas actuaciones en directo por los más diversos y recónditos lugares de las Islas y la Península; así como el reconocimiento a la coherencia de su mensaje musical, plasmado en una extensa producción discográfica, donde resulta claramente palpable la evolución de esta formación musical, hacia una esfera creativa más íntima y personal, personificada en la figura de su director musical, Darío Cabrera.
Pero, además de estos incuestionables méritos, Jóvenes Cantadores alberga en su trayectoria una solapada, pero no menos evidente virtud, que es la de haberse convertido en un elemento de referencia y motivación para las generaciones más jóvenes. Su ejemplo, ha repercutido muy positivamente en las inquietudes y aspiraciones de los más jóvenes, suscitando un renovado interés por la música tradicional y popular.
Tal es así, que por sus filas ha pasado un sinnúmero de grandes intérpretes a los que hoy valoramos y reconocemos en otros ámbitos musicales, cuyos inicios en Jóvenes Cantadores gestaron y forjaron todo cuanto ahora son, y gran parte de cuanto podrán llegar a ser, en un mañana.
Anticipar algún nuevo proyecto vinculado a una formación tan activa y dinámica como Jóvenes Cantadores, es una tarea ardua y difícil, pues resultan incontables las aspiraciones y metas de este colectivo.
Nos limitaremos a apuntar su más reciente creación, a punto de salir a la luz en un flamante nuevo disco, que muy pronto podremos atesorar y disfrutar. Aunque, tratándose de Jóvenes Cantadores, siempre será muy recomendable presenciar alguna de sus contundentes actuaciones en directo.


JOSÉ LUÍS ESTÉVEZ RAMÓN: (GÜICHO ESTÉVEZ)
Cuando el arte de enseñar se conjura con la magia de la música, se suscita en todos nosotros el inesperado prodigio de vernos persuadidos por una avidez en asimilar y comprender todo cuanto se nos muestra.
Y es que Güicho Estévez es un maestro en el aprendizaje del conocimiento y un mago en el arte de la sugestión, utilizando para ello, algo tan hermoso como la música.
Su larga y dilatada experiencia como enseñante y como músico, le ha llevado a desarrollar una actividad artística difícilmente definible, por cuanto no existe antecedente equiparable. Lo que hace, es él...y él, es lo que hace.
Porque contemplar la evolución de Güicho Estévez sobre un escenario nunca nos podrá dejar indiferentes, ante tal arsenal de connotaciones lúdicas, estéticas, humorísticas y educativas. En sus actuaciones, resulta grato y sorprendente el presenciar el desarrollo, casi imperceptible, de un proceso de embaucamiento colectivo encauzado hacia la participación activa del público en las actividades músico-didácticas que él va proponiendo y dirigiendo. Lo realmente insólito de todo ello, es que tal proceso persuasivo va dirigido a la generalidad de un público de todas las edades, por cuanto en el desarrollo de su argumentación, va despertando en el ánimo de los asistentes una motivación por lo lúdico y una infantil inclinación por la curiosidad. En definitiva, despierta en todos nosotros al niño que albergamos, convirtiéndolo todo, por un instante, en un gran patio de recreo.





GRUPO FOLCLORICO ISOGUE
Cuando aún resuenan los ecos y perdura la grata impresión de su primer trabajo discográfico, el Grupo Folclórico Isogue, una vez más nos vuelve a dar muestra de su iniciativa e inquietud, preparando para esta nueva edición del Festival de Bajamar, un repertorio cargado de nuevas temáticas musicales que abordan los más diversos aires de nuestro acerbo folclórico. Y como siempre, nos presenta dicho nuevo repertorio bajo la fórmula de la exquisitez de sus arreglos armónicos y la poética de sus contenidos literarios. Pues ambos atributos, son los principales definidores e identificadores de esta formación musical.
Y es que Isogue, por encima de cualquier otro aspecto, es una bella muestra de lo que se puede lograr a través de la complicidad y del esfuerzo común. Su impronta musical, radica en la orientación coral de sus composiciones y arreglos, confiriéndole un rasgo peculiar fácilmente perceptible. Contrariamente a otras agrupaciones, la singularidad de esta formación musical no radica en las individualidades sino en la colectividad. Partiendo de este planteamiento, su director musical, Jacob González Marrero, ha sabido ser el artífice de un inusitado distintivo sonoro, que convierte al Grupo Isogue en una rareza en el conjunto de aquellas formaciones musicales con estructura similar.
Con esta específica manera de entender la recreación e interpretación de nuestro folclore, Isogue afronta futuras metas y proyectos, que presagian el alumbramiento de nuevos elementos interesantes e innovadores, de los que muy pronto tendremos noticia.

Félix Román Morales
para Artistasenred



viernes, 24 de julio de 2015

ATLANTES... “...Yo también lo tengo”




Con este coloquial y espontaneo “yo también lo tengo”, surgido en las redes sociales de forma casual e improvisada, se inicia una imprevista y simpática campaña promocional de la primera producción discográfica de Atlantes.
Y curiosamente, casi sin advertirse, la referida expresión guarda una intención y un significado que va más allá de lo anecdótico y lo divertido.
Pues, durante muchos años; (demasiados tal vez); quienes siempre hemos seguido y admirado a esta extraordinaria formación musical, hemos aguardado estoicamente la oportunidad de atesorar algo perpetuo y tangible que siempre pueda transportarnos a aquellos momentos inolvidables de sus actuaciones en directo.
Quienes hemos alcanzado el privilegio de “también tener” en nuestras manos esta magnífica obra discográfica, entendemos muy bien el trasfondo de tal fortuita frasecilla. Porque el hecho tenerlo, es más que un simple acto de posesión. Es el poder tocar y contemplar la prueba material de que estuvimos allí, en aquel memorable momento en el que se reveló y salió a la luz un nuevo, flamante y esplendoroso hito en el acerbo histórico de nuestra música popular y tradicional.


Casi sin pretenderlo, Atlantes propone una obra que trasciende a unas sensaciones que van mucho más lejos de lo puramente musical. Basta con abrir el envoltorio de su muy cuidada maquetación, y leer detenidamente su contraportada, para descubrir toda una declaración de intenciones sobre el espíritu que alimenta y alienta a esta formación musical. Tan sólo por eso, merece la pena tenerlo. Porque cantar sin un mensaje, no es cantar...sería simplemente entretener o encandilar.
Es esta coherencia, esta solidez de intenciones, lo que confiere a Atlantes un distintivo especial, que le llevará a ocupar inexorablemente un lugar en la historia de nuestra música, pues siempre su recuerdo vinculará a aquel, su prodigioso talento musical, con aquella poética motivación que les llevó a desarrollarlo.
Porque esa misma motivación es la que ha llevado a este aprendiz de cronista y escritor a volver a teclear por estos rincones, tras una larga ausencia. Tan sólo por eso, gracias Atlantes.

Tratándose de Atlantes, podríamos extendernos muchísimo más, abundando en su consabido y reconocido virtuosismo instrumental y coral, en la contundente e inimitable impronta musical de su director, compositor y arreglista, Héctor González...etc. Pero ya lo hemos hecho en otras ocasiones con motivo de pasados y felices encuentros. Podríamos también detenernos a comentar cada uno de los catorce temas que componen esta novedosa y excelente obra discográfica, pero ellos ya lo han hecho mucho mejor de lo que podría hacerlo yo, incorporando un bello cuaderno explicativo para esta primera edición.

Resultará mucho mejor, acomodarse tranquilamente para deleitar nuestro espíritu escuchando tan extraordinaria obra, sabiendo que al fin, atesora en sus manos un disco absolutamente IM-PRES-CIN-DI-BLE, con el que renovar su incondicional amor por toda nuestra música, y con el que poder decir: “yo también lo tengo”.
Por cierto...yo también lo tengo.

Félix Román Morales

para Artistasenred.

lunes, 27 de mayo de 2013

Achaman: Medalla de Oro de la Ciudad de San Cristobal de La Laguna. I Festival Achaman (2013): Atlantes, Jóvenes Cantadores y Achaman.


 “Achamán comenzó su trayectoria musical cantando con el corazón, y siempre ha cosechado éxitos porque, como diría Antonio Machado, “Anoche cuando dormía/soñé, bendita ilusión,/que era Dios lo que tenía/dentro de mi corazón”. Y es que Achamán canta tan bien porque, en verdad, tiene un Dios dentro como es Achamán, palabra guanche que significa lo que es este grupo dentro del acontecer histórico-folclórico de Canarias, es decir, grande, sublime y sustentador de la tierra donde se alza erguido y altivo sobre la ideología de la honradez y de ese Cielo hasta donde suben sus cantos, dada la calidad de los mismos…”

Con estas bellísimas palabras, el ilustre periodista y padrino del Grupo Musical Achaman, Domingo Barbuzano, inició la presentación del Primer Festival Achaman, en el Pabellón de Las Mercedes, local habitual de ensayos de esta gran formación musical.


Este primer festival, arranca con la consumación de un acto de justicia, tantas veces solicitado desde distintos círculos de nuestra cultura, y personificados en la figura de Domingo Barbuzano. Nos referimos al merecido otorgamiento de la Medalla de Oro de la Ciudad de San Cristobal de La Laguna, a este distinguido colectivo, con más de tres décadas de historia.
Durante algo más de tres horas, y con un local repleto de entusiastas seguidores, una vez más el Grupo Achaman dio claras muestras del por qué son dignos merecedores de tan alta distinción. Y con ello no sólo nos referimos a su extraordinario talento musical,  que nunca deja de sorprendernos, sino a algo más trascendente e imperecedero como es su calidad humana, siendo ésta la  más palpable referencia de lo mejor de sí mismos.

Prueba de esta humana empatía,  es su voluntad de compartir tan significativo acto con otras dos grandes formaciones musicales: Jóvenes Cantadores y Atlantes. El resultado de tan espléndido cartel no podía ser otro que el de una memorable velada cargada de solvencia musical y entrañable emotividad.
Mucho hemos escrito, desde este pequeño apartado, sobre la trayectoria y especificidades de Achaman, porque muchos son sus méritos y las ocasiones que nos brindan para ello.  Y es que escribir sobre Achaman es hacerlo sobre una de las trayectorias musicales más coherentes de nuestro panorama musical. Una larga trayectoria de esfuerzo y entrega de todos cuantos han tenido el honor de formar parte de esta formación, y de la que tanto pueden sentirse orgullosos. Y es que Achaman es de esos colectivos,  cuya solera y solidez, les ha permitido reafirmarse en el tiempo, superando cuantos avatares y etapas han ido propiciándose en el devenir de los años. Hasta tal punto es su solidez,  que siempre experimentamos la sensación de encontrarnos con un “Achaman más Achaman que nunca” al comienzo de cada una de sus nuevos ciclos.
Es una grata sensación que pudimos experimentar en la última y brillante etapa, cuya culminación trajo consigo las extraordinarias producciones discográficas “Vivo” y “Con el alma en la música”, que tan profunda huella dejó en el sentir musical de todos nosotros, y de la que resulta innegable mostrar todo nuestro sincero  cariño y admiración, por Celso Gómez, como figura responsable, y de Antonio Hernández, como director musical  en aquel brillante periodo.

Pero, como apuntábamos  anteriormente,  Achaman,  tras las nuevas incorporaciones, con el querido amigo Javier Marichal como cabeza visible, y con Héctor González en la dirección musical, vuelve a producirnos la grata sorpresa y a suscitarnos la misma sensación ya vivida en la etapa precedente, mostrándonos nuevamente una singular y renovada impronta musical de la que sólo puede augurarse el mejor de los éxitos.


Muy merecedores de todo cuanto hemos escrito más de una vez en este espacio,  es el grupo Jóvenes Cantadores, que tras haber cumplido su quinto aniversario y con un flamante y prodigioso disco “Mestizo”, alcanza la consolidación y el estatus para  ser considerada como una formación musical indispensable en la larga y nutrida lista de grupos cuya actividad y producción les ha llevado a ocupar, con todo merecimiento y justicia, un lugar referencia en la pequeña historia de nuestra música. 
Y es que la frescura y el precoz talento han fraguado en la consumación de una determinada  forma de entender e interpretar nuestra música tradicional y popular. Esa reafirmación en su particular línea creativa e interpretativa es el mejor indicio y presagio de su voluntad en perpetuarse como formación musical con singularidad en las formas y en el fondo.




Por último, aunque mucho menos de lo que hubiéramos querido, también más de una vez hemos trasladado a estas líneas los sentimientos y emociones que afloran al escuchar a un  grupo de la envergadura de Atlantes. Y es que Atlantes, por las circunstancias que sean, lamentablemente se prodiga muy poco por los escenarios y plazas de nuestra tierra. Es como uno de esos míticos cometas que muy de vez en cuando reaparece en el firmamento para deslumbrarnos a todos con su rutilante estela. Pero…cuando reaparece… ¡ que grandioso prodigio amigos ¡. Porque Atlantes es en términos poético-musicales absolutamente intenso y rotundo. Nada hay equiparable ni comparable. Son ellos…Atlantes…y sólo ellos.
Que temas como “Mar y salitre” o “Mi voz es el viento” no se propaguen por todos los rincones de nuestra tierra, es un pecado mortal, del que el tiempo y la historia darán cuenta algún día a quienes teniendo los medios para hacerlo, se instalaron en la indiferencia y la desidia…por no decir en la estupidez que reina en  todos aquellos que ven en la moda y el mercadeo,  su mejor y única opción para sobrevivir en la música.



Achaman, Jóvenes Cantadores y Atlantes…¡ queda aún  tanto por escribir…!


Félix Román Morales Díaz
para Artistasenred
y para Etnografía y Folclore.

lunes, 17 de diciembre de 2012

"UN MINUTO ENTRE AMIGOS"





Como sobresaliente y el más consolador de los presagios en el  inminente inicio de  este  incierto e inquietante año 2013, compartimos con todos ustedes la esperanzadora noticia de lo que será uno de los acontecimientos musicales más relevantes en este nuevo año que se avecina, cuya envergadura y trascendencia, sin dudas propiciará que el mismo se constituya en uno de los hitos  de nuestro panorama cultural.
Nos referimos a la tan esperada presentación del nuevo proyecto discográfico “Un Minuto entre amigos”, que tendrá lugar el viernes 4 de enero, en el Teatro Leal de San Cristóbal de La Laguna.


 Simplemente les avanzo, que a diferencia de otras experiencias similares, este nuevo disco no se limita a una evocación nostálgica y al recuerdo de la figura de Manuel Luis Medina; “El Minuto”. Estamos ante una propuesta musical innovadora, tan extraordinaria, versátil y heterogénea, como lo es el portentoso elenco de protagonistas participantes:
Parranda de Cantadores, Luis Morera, Olga Cerpa, Encantadoras, Manolo Vieira, Celso Albelo, José Manuel Ramos, Alma De Bolero, Manolo Estupiñán, Isabel Padrón, Maricarmen González, Beatriz Alonso Quartet, Troveros de Asieta, Sergio Núñez, Candelaria González, Pancho Delgado, Jeremías Martín, Emilio Negrín, Alba Pérez, Irene Niebla, Claritzel, Jairo, Jonathan, Josue, Fernando, Luis Rivero, Carlos Martín, Arena Digital, Rampa en Gran Canaria, Michel Montelongo...etc.


De la maestría y solvencia de todos ellos…y de alguna otra sorpresa más, podremos disfrutar todos aquellos afortunados que adquieran una entrada para tan señalada noche.

A quienes no les sonría la suerte y la oportunidad de acudir al evento, podrán tener el consuelo de adquirir esta joya discográfica en breve tiempo.



Félix Román Morales.


(Artículo de Gonzalo Hernández,  a propósito de su entrevista con Manuel Luis Medina, días antes de su fallecimiento).

Ya no habrá más serenatas, de luto están las macetas…

Manuel Luis Medina, el Minuto, fue quizás la voz más sensible y el personaje con mayor carácter de cuantos artistas poblaron el panorama musical canario del siglo XX —«Yo era correcto con todo el mundo. Con todo el mundo que yo quería. Con los demás no», me explicó una tarde en una conversación, entre vinos, en el restaurante Casa Maquila, días antes de su fallecimiento.
Su infancia estuvo marcada por los sonidos en que lo imbuía su tío Don Luis Ramos Falcón, el emblemático presidente del Orfeón La Paz de La Laguna, además de querido orfeonista lagunero. Aquella tarde de mayo del año 2007, aún recordaba —e incluso cantaba— la “Romanza del niño judío” que su tío le enseñara:
Qué me importa ser judío,
si ya lo soy por ausencia...
Manuel Luis era, a finales de los años sesenta, un joven que se movía en ambientes culturales universitarios, de La Laguna y de Madrid, donde cursó —sin finalizar nunca sus estudios: «No di ni gongo», confiesa— Derecho y Ciencias Políticas. En aquellos años, junto con otros amigos de La Punta, formaría Los Sabandeños, uno de los grupos de música popular más relevantes de España durante varias décadas. En los discos que grabó con ellos —sus primeros sencillos y seis de sus álbumes iniciales— quedaron registrados con su voz solos que son hoy en día parte importante del archivo sonoro del folclore de las Islas Canarias, como la copla grabada en marzo del año 1968 en el segundo sencillo del grupo:
En la fiesta de Las Mercedes
a una maga le di un beso,
se me quedaron los labios
dando gusto a gofio y queso.
La vida cultural y universitaria de la España de aquellos años setenta fue el germen de todos los cambios sociales y políticos que vendrían después. El boom de lo sudamericano invadía todos los territorios del arte —la literatura, la pintura, la música…—. Y los jóvenes tomaron aquella música sudamericana como bandera. Eran los años en los que Jorge Cafrune cantaba al hombre del campo —su vida, sus costumbres y su pobreza— con versos de Athaualpa Yupanqui, Jaime Davalos, Falú... Años en los que Ariel Ramirez componía la misa criolla; en los que Violeta Parra, Mercedes Sosa y Horacio Guaraní eran verdaderas autoridades de la cultura hispana; mientras en España, en la única cadena de televisión existente por entonces, Jose Luis Balbín, en su programa A fondo, entrevistaba a personalidades de la talla de Juan Rulfo, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa, Atahualpa Yupanqui o Chabuca Granda.

Manuel Luis, el Minuto, cercano a la vanguardia cultural del momento, no podía permanecer ajeno a todo aquello; y así, aunque su carrera artística comenzó vinculada al folclore y a la música popular canaria, no tardaría en sumar su voz a este nuevo movimiento. «La vinculación de la música sudamericana conmigo, o la mía con ella —me contaba en Casa Maquila— se debió a que me gustaban las letras, y por supuesto, la música. Los Sabandeños nos metimos primero con las guaranias paraguayas, que eran lo más que se nos adaptaba, o lo más cercano que teníamos. Y luego ya le metimos mano a la música argentina».
El Minuto habría de ser, de hecho, el primero en Canarias en interpretar y grabar muchos de los temas que hoy en día forman parte del acervo popular de las Islas, como en el caso del tema “Tus ojos”, grabado en el año 1972 en el disco Cantan a Hispanoamérica, de Los Sabandeños, con su voz en los solos.
Tus ojos, que son mi alegría,
tus ojos, que son mi esperanza,
por ellos mi alma suspira,
en tierno arrullo, arrullo de amor.
En 1974, animado por el director de la casa discográfica Colombia, Don Benito Lauret, decidió abandonar definitivamente las filas de Los Sabandeños para comenzar su carrera discográfica en solitario, con el disco Argentina en la voz de Manuel Luis. No contento con ello, el Minuto quiso ir más lejos que otros muchos de los que en aquellos años reinterpretaban para el mercado local lo que llegaba a través de las grabaciones discográficas: hizo las maletas y se marchó a Argentina, a reinterpretar aquellos temas de su primer disco en su país de origen.

Crítico y sincero como era en todas sus entrevistas, de regreso de su aventura americana, se hacía eco tanto de las buenas opiniones —como la que le hiciera un crítico musical ante la audición del tema “Balderrama”, en presencia del conocido poeta argentino, ya fallecido, Hugo Alarcón, quien expresó su sorpresa por el hecho de que “Con tanto falso argentino y con tanto folclorista que mandamos a Europa resulta que nosotros podemos importar de las Islas Canarias a un intérprete fiel de nuestras propias canciones”— como de aquellas otras, no tan positivas, y que él se felicitaba en recibir, que le hicieran en el programa coloquio de radio Excelsión —aún hoy entre las emisoras más importantes de Buenos Aires—, en el que, después de escucharlo cantar la “Balada del Loco”, mostraron su descontento por su desconocimiento del ambiente real del barrio donde se desarrolló el tema. A lo cual, en aquella ocasión, Manuel Luis no tuvo reparo en responder que conocer Buenos Aires en el sentido de esta canción equivalía a ser porteño, y en reclamar el reconocimiento del mérito que suponía la defensa de una cultura que no era la suya.

Su íntima amistad con otro de los fundadores del grupo de La Punta, Julio Fajardo, músico muy relevante en el panorama musical de Tenerife a principios de los setenta, lo llevaría a formar dúo con este último: el dúo Fajardo-Medina. Comprometido social y culturalmente, sus recitales en aquellos años fueron más allá del simple entretenimiento, como cuando quiso actuar ante los emigrantes españoles en Munich, o en Francfort.
Pese a todo, Manuel Luis Medina nunca habría de desvincularse afectivamente del grupo que, en 1968, creara junto con otros amigos de la adolescencia: «A Los Sabandeños los quiero como un hijo mío —me reconoce—. Es lógico. Puedo despotricar de Los Sabandeños, pero no me gusta que otros lo hagan. No me gusta. Y si despotrico, despotrico con alguien consciente».

Exigente como era con su carrera musical, en el año 1975, en una entrevista realizada en el periódico La tarde, advertiría: “O salgo palante o lo dejo todo”. De esta manera, en el año 1979 sacaría al mercado su segundo y último disco, El bernegal, en el que incluiría, además de temas de su amigo Julio Fajardo, una de las canciones más emblemáticas de su trayectoria: “Matías el Jaranero”.
Se le oía, siempre atrás, de medianoche,
regalando en las ventanas poco a poco el corazón,
y, una aurora que no olvidará esa esquina,
fue la muerte quien le abrió su gris balcón.
Quizás, como le sucede en la canción a Matías el Jaranero, Manuel Luis Medina el Minuto no recibió la reciprocidad del público canario, que no supo apreciar su aporte a la cultura popular universal. 
—¿Mereció la pena? —le pregunté aquella tarde en el Maquila.
—¿El haberme divertido?... No me jodas. Como si empiezo ahora, con 62 años y cáncer de pulmón.

Gonzalo Hernández

(Prólogo literario de la contraportada del disco,  por Félix Román Morales).


Solo un ser de infinita sensibilidad, capaz de haber concebido su vida como un fugaz y nocturno deambular por las calles del alma…en extraviado andar hacia la vespertina luz anunciada por los gallos tempraneros…con los  pasos apenas detenidos para  prodigarse en  regalar su generoso corazón  por las ventanas… podía volver hecho canción.
Y es que  hay versos que nos enseñan que una canción puede llegar a explicar toda una vida… y hay vidas cuya lírica y plenitud siempre las hará renacer en una canción.

Cuando, inusitadamente, cantor y canto se conjuran en dos almas gemelas de un mismo aliento indómito y bohemio, se produce el sublime prodigio de haber podido vivir lo cantado…y de haber cantado, lo hasta entonces, vivido.

Y es tras ese adverso entonces, cuando la vida misma logra transmutarse en sonoro verso, para volver de la muerte arropada en un canto desprendido en el  musitar de unos labios añorantes de algún querido amigo, como una oración invocadora y anhelante por el regreso del camarada perdido. Porque al cantar aquellos mismos versos que el ausente cantó, revivirá en aquel querido amigo,  todo cuanto él vivió.
 Canto, vida y amistad es la más bella constelación poética que un soñador de estrellas podrá jamás contemplar. Y… Manuel Luís Medina…“El Minuto”… acunó su vida en la dulce ensoñación de las estrellas…viviendo como cantó.



Alcanzar esas rutilantes estrellas…es todo cuanto, en esencia, ansía el espíritu humano que nos alienta. Alzar la mano hacia el infinito para atrapar un puñado de aquel eterno resplandor, es un fútil y cándido gesto latente en la memoria de nuestra niñez. Y sin embargo…hubo un niño que al alzar su mano, siempre encontró aquel candente fulgor en la mano paternal que le diera refugio. Porque aquella mano hospitalaria,  era la sabia ejecutora de un tropel de acordes de guitarra volando hacia la luz.
Portar orgulloso aquella vieja guitarra, siempre fue el mágico privilegio para el  hijo del cantor, y el más entrañable recuerdo que atesorara para sí, el hijo del hombre.

Cuando el cantor ya no estuvo entre nosotros…sólo quedó el silencio…porque en la ausencia del padre,  sólo el mutismo de aquellos acordes procuró en el hijo el mitigar de su dolor. Hasta que mucho tiempo después…comprendió que su padre ya no volvería…que habría de ser él, quien fuera a su encuentro, emprendiendo un vertiginoso viaje hacía aquel remoto candor de la infancia…allá donde la luz ampara la inmortalidad de los poetas, los cantores y algún que otro alma bendecida por la genial e ingenua locura. Y…aprendió a vivir como cantó su padre…cantando lo que  vivió el cantor.

Aprender a vivir, es complacerse en la inmensa dicha de compartir con el amigo los anhelos y sentimientos… regalar poco a poco el corazón...haciendo a los demás cómplices y  copartícipes de las hondas motivaciones que reclama el espíritu. Es por todo esto…y por mucho más…por lo que el entrañable amigo Luis Medina abre nuevamente  sus ventanas a la calle donde una vez  transitó aquel inolvidable cantor que fuera su padre, para que todas las auroras inunden los balcones…acompañando los  sonoros ecos nocturnos de una canción… y ya nunca regrese el gris de las sombras…porque al fin  se habrá cumplido el mágico momento…de tan sólo un preciso instante…donde habremos de sentirnos en la feliz estadía que conlleva el pasar, verdaderamente, un minuto entre amigos.




Félix Román Morales.

viernes, 7 de diciembre de 2012

G.F. Isogue



Es difícil encontrar ejemplos donde pueda quedar en entredicho, la tendencia generalizada de calificar cualquier actividad artística o creativa, por el simple hecho de un éxito momentáneo, una abultada cuenta de resultados  o  una fulminante popularidad. 
Raras veces, consigue prosperar el criterio de entender, que frente a la sugerente imagen de la triunfante bandera sobre la cumbre alcanzada, precede y subyace la productiva y provechosa experiencia de la esforzada ascensión a esa misma cima.

Y es que… este… es el mundo de los hechos consumados donde nadie se detiene a leer en las perdidas páginas que cuentan la vida de algo o de alguien, y donde todos nos apresuramos  en acudir a la última hoja de conclusiones,  para  poder extraer allí algún abreviado y trivial  resumen,  con el  que asignar una etiqueta que encasille  a todos y a  todo cuanto suscita nuestro efímero interés.

Centramos nuestra atención en buscar un fin último de las cosas, porque damos por hecho de que nada tiene sentido si no existe a priori,  una incitación a alcanzar un objetivo concreto que  los demás puedan reconocer y alabar.



No nos damos cuenta  que al perseguir ese reconocimiento y alabanza del otro, en virtud de los triunfantes logros exhibidos, simplemente estamos dando complacencia a nuestra vanidad. Torpemente no conseguimos percatarnos, que en este estrepitoso mundo, ya no somos capaces de hallar el límite que satisfaga a esa vanidad, porque en el fondo, nos hemos convertido en seres torturados por una irreflexiva avidez de protagonismo y popularidad.

Y mientras andamos errantes…en esa búsqueda inocua y estéril, casi hemos perdido toda capacidad por recrearnos, simplemente,  en el  gozo y el divertimento que implica  el  desarrollo y la materialización de  nuestras inquietudes artísticas y creativas.

Andar los caminos sin más pretensión que contemplar el paisaje, es una bella forma de andar. Para muchos, distraer la mirada de la lejana  meta,  al final del camino marcada,  resulta ser  una actitud incomprensible, sin darse cuenta que obsesionarse por tal  ansiada llegada, es tan absurdo, como irracional resulta ser la insaciable ofuscación por alcanzar una  fugaz vanagloria.

Con esa larga andadura de supuestos pasos perdidos, ha caminado, sin prisas, el raro ejemplo que hoy traemos a este pequeño espacio. Nos referimos al Grupo Isogue, surgido hace veinte años a la sombra de un promontorio basáltico del mismo nombre, cuyas paredes acantiladas precipitan el vertiginoso descenso de la Cordillera de Anaga hasta su entrega en el mar, allá en la hospitalarias costas de Bajamar.

Si algún definitorio y acertado calificativo podemos enunciar para esta formación musical es el de sorprendente. Porque el Grupo Isogue es la más pura imagen de la sencillez y la humildad sobre un escenario, y bajo él.  Carentes de  todo afán de notoriedad o protagonismo, siempre nos ofrecen una actitud comedida y desprovista de cualquier pretensión grandilocuente en demostrar algo a alguien, salvo a sí mismos. 

Y ahí es donde reside la grandeza de este colectivo, a la que el público no es ajeno, en cuanto emergen los portentosos primeros compases armónicos de su cuerpo coral e instrumental. Nada hace sospechar que tras esa cándida imagen de la puesta en escena, irrumpa tan asombrosa y solvente calidad musical y coreográfica… hasta el punto…de no parecer ellos mismos, sino la antagónica figura que nunca han pretendido ser. Superarse a si mismos, es la clave de esta transformación, que sólo puede surgir desde la constancia y el esfuerzo en el día a día.

Es un esfuerzo que nace hace una veintena de años de la mano experta y creativa de Eusebio Cabrera, para ser retomado, en una segunda etapa, por su actual director musical Jacob González. Un esfuerzo iniciado por Juan Antonio Domínguez y continuado por Carlos Mora como directores del cuerpo de baile. Un esfuerzo, en definitiva, que siempre ha sido entendido por esta formación musical como el único camino donde avanzar y encontrarse con lo mejor de si mismos.




Asumir, como premisa motivadora, esta creencia en la superación personal y colectiva, les ha llevado a una permanente inquietud creativa en los aspectos temáticos de su extenso y sólido repertorio, donde abunda una poética relativa a cuestiones actuales y plenamente vigentes de nuestro entorno, y a la indagación y rescate de elementos argumentales y musicales del pasado.


Pero sin lugar a dudas, donde el referido esfuerzo de superación se manifiesta con total rotundidad, es en la extraordinaria ejecución coral e instrumental de una amplia y excelente compilación de recursos armónicos y melódicos, surgidos de la maestría de su director Jacob González Marrero.



La singularidad de ambos aspectos; el temático y el musical; ha conferido a esta agrupación  una impronta especifica fácilmente identificable,  en cuanto llega a nuestros sentidos alguno de sus recursos sonoros y poéticos, cuya concreción y particularidad  los hacen plenamente reconocibles.


La clave  para que tal proceso de superación haya dado sus frutos en Isogue, no es otra que el haber contado con la oportunidad de desarrollarse en un prolongado espacio temporal, gracias a la insólita estabilidad y permanencia del plantel de sus integrantes, capaces de superar cualquier natural controversia, en beneficio de desarrollar una tarea común, basada en intentar hacer las cosas bien, sin más objetivo que disfrutar colectivamente de la tarea realizada.


En estos días, anda el Grupo Isogue en plena grabación de lo que será su nuevo disco, donde quienes no han tenido aún  la oportunidad de escucharlos, podrán comprobar los motivos por los cuales, hoy aquí nos hemos hecho eco de su ejemplarizante andadura.


Félix Román Morales Díaz
para Artistasenred
y  para Etnografía y Folclore.